La TUDOR United SportCar Championship, el campeonato de resistencia americano resultante de la fusión de la Grand-AM y la ALMS comenzaba su andadura esta temporada. Los comienzos nunca son fáciles, sin embargo, hay errores que se hacen difíciles de justificar para una categoría de tal relevancia internacional y a la que se le presumen comisarios numerosos y experimentados.
En la cita inaugural, las 24 horas de Daytona la polémica saltó tras la decisión de dirección de carrera de sancionar al ganador de la categoría GTD por un supuesto toque en la última vuelta. Con la indignación, tanto de fans como de pilotos de todo el mundo, se celebró la ceremonia de podio y se hizo entrega de los premios. Pasadas dos horas, la IMSA reculaba, invalidando todo lo visto y dándosela al primer ganador, el equipo Level 5, que tuvo que celebrarla en una ceremonia simbólica en solitario.
Tras esta acción, el patrón del equipo Level 5 dijo que abandonaba el campeonato porque no quería pagar los errores de novato que la organización pudiera cometer. Lo que en el momento pareció una pataleta sin mucho fundamento, ha ganado peso tras lo ocurrido en la segunda carrera del campeonato disputadas el pasado fin de semana, las 12 horas de Sebring.
Llegada la parte final de carrera, la IMSA imponía una sanción al Porsche 911 #22 perteneciente a la categoría GTD, Porsche del equipo de Alex Job que lideraba la categoría en esos momentos. La sanción constaba de un stop&go de nada menos que 80’’ y se impuso por tener un contacto evitable con uno de los Ferrari de la categoría GTD. Pese a la perplejidad del piloto, que no entendía nada, tuvieron que cumplir dicha sanción, aunque posteriormente reclamaron.
Fue entonces, revisando imágenes, cuando se dieron cuenta de que esa sanción no debía ir para el Porsche #22, sino para el Porsche #912, que pertenece a la categoría GTLM. Para diferenciar fácilmente los coches de cada categoría, la organización pone pegatinas por todo el vehículo incluyendo el color de los dorsales, rojo para uno, azul para otro. El equipo sancionado finalizaba la carrera en cuarta posición, a solo 7’’ del ganador de la categoría, por lo que sin duda, el equipo siente que le han birlado la victoria.
La IMSA se refugia en una pobre escusa. El vicepresidente de la IMSA, Scott Elkins habló de que ciertos equipos compartían frecuencias de radios y que se percataron tarde de que las imágenes que estaban viendo no correspondían al coche que ellos creían. Elkins garantizó que iban a revisar lo ocurrido para que no volviese a ocurrir, unas palabras que ni arreglan ni consuelan a nadie.
Para colmo de males, el vehículo que debió ser sancionado, el #912 de Porsche North America no fue un simple participante más, sino que acabó llevándose la victoria de la prueba por delante de Viper y BMW Z4, una victoria, que en vista de lo acontecido no debió llevarse, y una victoria que el SRT Viper de Bell/Bomarito/Wittmer ha dejado de tener debido a la incompetencia de terceras personas. Pese a que Elkins habló que no había forma de remendar una sanción de tiempo, no dio explicaciones de por qué no se sancionaba al verdadero infractor tras la carrera.
Sin duda, la IMSA no puede permitirse un solo error más de este tipo, o acabarán poniéndose a los equipos en contra, con los innumerables problemas que algo así conlleva.